Chicago: el Comienzo

Desde chica me encantan las manualidades, siempre cosí, pinté y tejí, lo gozo y me es muy fácil hacerlo. Sin embargo, también me encanta el mundo de los negocios y la innovación, me imaginaba trabajando en una empresa muy grande y luego creando algo propio, así estudié ingeniería civil industrial. Poco a poco me fui apasionando por el mundo de la moda; la ropa y sus diseños siempre han cautivado mi atención y me atraía dedicarme a ese rubro. Así, luego de terminar mis estudios y trabajar por un tiempo en una empresa de tecnología, mi marido fue aceptado para estudiar en una universidad en Estados Unidos a donde nos iríamos a vivir seguramente por dos años. Fue la mejor noticia, lo pensé y decidí tomar esa oportunidad para estudiar formalmente los cursos que nunca había hecho, esperando que me gustara y con la idea de volver a dedicarme de lleno a ello.

El año 2012 llegamos a vivir a Chicago y me matriculé en el School of the Art Institute of Chicago. Partimos estudiando el dibujo de la figura humana y la caída y texturas de la ropa usadas por modelos. Fue increíble, estaba viviendo la experiencia de ser alumna en otro país, con un lenguaje distinto y estudiando algo completamente nuevo para mí, en un lugar que se encuentra a la vanguardia del arte y el diseño. Paralelamente hice cursos de emprendimiento en moda y maquillaje profesional. Tuve clases de manipulación de superficies que fue muy interesante y entretenido, por representar una manera novedosa de comprender y usar las superficies y por lo genial que era la profesora. Aprendí las primeras manipulaciones de telas sobre un maniquí, las partes de una máquina de coser, a bordar y a trabajar con cadenas, con distintos tipos de hilo e incluso con cera. La profesora me marcó mucho por la dedicación que nos entregaba y el interés que tenía por enseñarnos de todo, con una pasión desbordante. Ella era una artista que nos contaba historias únicas sobre Chicago y nos llevaba a la biblioteca para enseñarnos a buscar libros y hacer investigación. Me acuerdo como si fuera ayer cuando caminaba hacia mis clases, bajo la nieve, tapada entera, hablando en inglés y muy feliz. Por último, aprendí a coser en máquina industrial, a hacer patrones y a identificar telas. Estuve dentro de una sala llena de colecciones pasadas de grandes diseñadores, las tenían justamente para que los alumnos pudiésemos observar detalles y discutir ideas, yo me encontraba ahí y sentía que era otro mundo. La experiencia en Chicago fue sin duda alucinante.